Rescatar la memoria y la justicia

Evaristo Estenoz

Evaristo Estenoz

Cien años se cumplen este 27 de junio del asesinato del comandante del Ejercito Libertador Evaristo Estenoz, líder del Partido Independiente de Color PIC (1908-1912), organización sin precedente ni paralelo en la historia política del hemisferio que pretendió luchar por vía pacífica para enfrentar la desigualdad e injusticia que hemos padecido los descendientes de africanos durante siglos.

No fue esta la primera vez en nuestra historia en que el odio racista se ensañó con los cubanos negros, en 1812 con motivo de la conspiración anti colonial y anti esclavista dirigida por José Antonio Aponte, quien algún día será reconocido como verdadero precursor de la independencia americana y en 1844 en ocasión de la llamada Conspiración de la escalera la soberbia y el crimen hicieron correr la sangre de los afrodescendientes cubanos.

Sin embargo es justo recordar como ya en 1912 que la situación política del país era otra y la dimensión de la masacre alcanzó nuevas connotaciones. Era la república y al menos en teoría todos los ciudadanos eran libres e iguales, a pesar de eso los cubanos negros padecían todo género de desventaja y desigualdades, realidad que motivó el surgimiento de este partido encabezado e integrado por combatientes de la gesta libertadora, con una muy progresista plataforma política, con sólidos fundamentos intelectuales y una capacidad organizativa y movilizadora que azuzaba el pánico de los poderes hegemónicos.

A pesar de la distancia y el rechazo mantenido por personalidades negras de la época convencidos de que la educación y el lustre cultural de los negros junto a su participación dentro de los partidos políticos establecidos sería la fórmula ideal para lograr la muy ansiada igualdad, el PIC comenzaba a tener presencia visible en varias regiones del país y su propuesta política se tornó un serio peligro ante los traumas que arrastraban amplios sectores de la sociedad.

Así esos poderes hegemónicos decidieron usar un instrumento jurídico-institucional para resolver el problema y el parlamento de entonces aprobó una enmienda que prohibía los partidos conformados por una sola raza o clase, con lo cual quedaba de hecho ilegalizado un partido cuya fundación fue admitida por el gobierno interventor norteamericano (1906-1909).

Fuera del escenario electoral, los líderes del PIC decidieron jugar la carta de la presión a través de una insurrección simbólica que forzara la negociación y el reacomodo de los espacios políticos. Este método tan socorrido en las primeras décadas de la república no tuvo en esta ocasión el resultado esperado.

Varios errores de cálculo y percepción cometieron los líderes del PIC, al parecer confiaron demasiado en la lealtad o el compromiso del presidente José Miguel Gómez, compañero de armas en la manigua redentora y de partido en la República. De hecho Evaristo Estenoz y varios de sus correligionarios habían acompañado a Gómez en su pronunciamiento contra el intento de reelección del presidente Tomas Estrada Palma, conocida históricamente como la “Guerrita de 1906”.

Tan confiados parecen haber estado que no se molestaron en dar visibilidad a los miembros de piel blanca del partido, con lo cual hubieran dejado sin lugar la ilegalización, esa confianza los llevó a marchar al “alzamiento” sin armas en espera, al parecer, del resultado político de su acción.

Así una serie de “patriotas” se complotaron para acabar de un plumazo, mejor sea dicho de un machetazo de ese nuevo peligro negro. El mencionado presidente Gómez y el general José de Jesús Monteagudo orientaron y dirigieron la masacre, el capitán José Francisco Martí y Zayas Bazán fue el principal brazo ejecutor del genocidio fratricida que cobró la vida de más de tres mil cubanos incluidos encartados, inocentes y militares y voluntarios alistados para la ocasión , solo por el hecho de ser negros. Sobre aquellos días trascienden testimonios de familias enteras masacradas y personas quemadas vivas, desmanes que generaron un terror que ha permanecido intacto por décadas.

Vale recordar que la actuación en estos sucesos del “Ismaelillo” ―así nombró el apóstol Martí a su hijo en los versos que le dedicó― devenido verdugo contradicen de manera flagrante los valores promovidos por su padre. Martí siempre reafirmó su rechazo al racismo y defendió el derecho de los cubanos a hacer valer sus criterios políticos aunque no los compartiera.

Vale comparar que cuando en 1871 el odio integrista fusiló injustamente a ocho estudiantes de medicina dentro del ejército español y en medio de una guerra se levantaron voces honrosas para condenar el crimen, sin embargo en 1912 durante más de un mes de masacre no hubo ni siquiera debate al interior de los sectores políticos o militares.

Cien años después el pueblo cubano casi en su totalidad desconoce los detalles, la esencia y la trascendencia de aquel hecho. La historiografía republicana y revolucionaria ha hecho el mismo caso omiso de estos acontecimientos. Los licenciados en historia salimos de la universidad sin saber una palabra de aquella excepcional propuesta política destinada a todos los cubanos, sin saber nada de la traición y el crimen.

El gobierno cubano, en lugar de consagrar el reconocimiento y homenaje que merecen aquellos hombres y mujeres que entregaron su vida para alcanzar la igualdad y la justicia que cien años después parece todavía un sueño inalcanzable, se enfrasca en promover textos y análisis que tergiversan la historia y calumnian a los Independientes de Color. El Dr. Rolando Rodríguez actual historiador de “Palacio” escribió sobre este tema el libro “La conspiración de los iguales” donde juzga muy mal a los Independientes de Color y sin siquiera sonrojarse confesó en público que no ha leído un solo número del Periódico Previsión, órgano oficial del PIC.

Avanza el año y el Documental “1912 Voces para un silencio 2” de la cineasta Gloria Rolando no ha sido difundido en los espacios públicos o mediáticos, sin embargo pocos días después de su premier el racismo corriente y empoderado reafirmó sus posiciones al develar una placa alegórica a José F. Martí Zayas Bazán en la sede del Centro de Estudios Martianos, acto en el cual el Historiador de la Ciudad de La Habana Eusebio Leal, ese mercader de la historia y de la cultura, afincado en la arrogancia que concede el respaldo del poder afirmó enardecido “No tenemos nada que ocultar” en desafiante y evidente respuesta a la mención que se hace en el mencionado documental de la actuación del “Ismaelillo” en los sucesos de la primavera de 1912.

El 20 de mayo pasado al cumplirse el centenario del inicio de la protesta armada del PIC solo una decena de personas acudieron a rendir homenaje a los protagonistas en aquella angosta calle de La Habana antigua donde fue fundado el PIC en 1908, esa mañana varios activista antirracistas y líderes del movimiento de derechos humanos fueron detenidos para impedir su participación en el acto.

Este 27 de junio muchos cubanos comprometidos con esos mismos ideales de igualdad y justicia nos proponemos aprovechar la fecha para rendir homenaje a todos los héroes y mártires desconocidos de esta lucha. Es muy posible que en esta ocasión la soberbia y el pánico racista de los gobernantes cubanos se ensañen nuevamente sobre los que se niegan a convalidar con el silencio la intolerancia excluyente que aun impera en nuestra tierra.

Sea cual sea el desenlace de esa mañana de centenario nadie podrá decir que en 2012 faltaron cubanos dispuestos a arriesgarlo todo para reafirmar esa vocación de justicia y rendir tributo a los que honor merecen.

Leonardo Calvo Cárdenas

Historiador y politólogo

contacto: elical2004@yahoo.es

Escribe un comentario