Otra oportunidad perdida (parte 2)

policia_cubana1El Dr. Esteban Morales en su texto titulado “Frente a los retos del color como parte de la lucha por el socialismo”, aparecido el 9 de mayo en su blog personal (http//estebanmoralesdominguez.blogspot.com), para reafirmar algunas posiciones oficialistas respecto a la cuestión racial y el debate que sobre este tema gana actualidad nacional y global, comete un grave desliz metodológico.

En primer lugar se refiere a las posiciones y proyecciones de unos actores que se desenvuelven en el ámbito nacional, a los cuales califica pero no se atreve a mencionar por sus nombres. En las notas del trabajo hace referencias a documentos del CIR sin aclarar previamente que se refiere al Comité Ciudadano por la Integración Racial, una plataforma cívica que en sus tres años de existencia (7 de agosto de 2008) ha desarrollado varias iniciativas y acciones en los ámbitos social, intelectual, académico y cultural, establecido sólidas relaciones con movimientos antirracistas foráneos y de paso enfrentado los embates represivos de las autoridades de La Habana.

El Dr. Morales habla de disidentes y de documentos, además de reproducir el comodín argumental que conecta a los opositores con las posiciones y los intereses provenientes de los Estados Unidos, acomodaticio recurso que trata de deslegitimar de origen a cualquier opinión diferente de la oficial.

Una vez más el Dr. Morales lanzó su acostumbrada andanada de descalificaciones contra el destacadísimo intelectual y luchador antirracista cubano Carlos Moore, cuyo altura y prestigio personal e intelectual en tres continentes resulta una incomoda noticia para los afanes hegemonistas del gobierno cubano que, incapaz de hacer la impugnación intelectual o académica de la obra colosal del maestro Moore, se conforma con regodearse en la injuria y la calumnia, lo cual por cierto hace un claro retrato ético del régimen y sus voceros y vuelve a demostrar la debilidad  de sus posiciones político-ideológicas.

Al caracterizar los alineamientos actuales respecto a la problemática racial el autor asegura que “Una posición considera que los problemas raciales en Cuba, son  responsabilidad del gobierno cubano, supuestamente,  debido a la ausencia  de una política de derechos humanos, democracia y libertades civiles para los negros. Para esta línea  de pensamiento, los líderes de la revolución son racistas, particularmente Fidel Castro, que según estos, no ha atendido el problema racial con vistas a solucionarlo”.

A todas luces por alguna razón el Dr. Morales no se atreve a reconocer que los luchadores antirracistas cubanos tienen un discurso propio, muy claramente expuesto en esos documentos que menciona de soslayo y que les sobra seriedad intelectual como para considerar la cuestión racial un problema tan antiguo como nuestra propia historia.

Los actuales gobernantes son parte de esa elite antinacional y excluyente que ha hegemonizado la política cubana por varios siglos. El discurso patriotero y populista no puede esconder el racismo arterial que les corroe ni la responsabilidad que, después de medio siglo de poder absoluto e incontestable, les asiste por las carencias y traumas que el mismo Dr. Morales reconoce.

La otra mala noticia para las autoridades de la Habana es que el movimiento continental que lucha por el rescate y revalorización de la herencia y el lugar de los afrodescendientes en la sociedad se fundamenta en los valores y derechos humanos universalmente reconocidos. Esa perspectiva y la persistente intolerancia del alto liderazgo cubano vuelven a demostrar que no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.

Pero el Dr.Morales llega al paroxismo de su divorcio con la realidad cuando afirma que “Ambas posiciones despliegan sus acciones, dentro de un marco de tolerancia política, por parte del gobierno cubano, por lo que la confrontación, no tiene un carácter violento, sino pacifico y  ni siquiera, aun, el de un  enfrentamiento  personal directo“.

Con esta afirmación el reconocido académico hace un flaco favor a su imagen de hombre e intelectual serio puesto que el mismo ha sido testigo de las acciones represivas de la policía política para cerrar el paso a los luchadores antirracistas cubanos en su afán de participar en los espacios de intercambio intelectual fiscalizado que muy de cuando en cuando generan instituciones académicas y culturales sobre el tema racial.

El Dr. Morales hace un inventario de los retrasos y las desventajas que todavía arrastramos los afrodescendientes cubanos, sin que todavía nuestros traumas e inquietudes encuentren espacio en los ambientes académicos, los planes de enseñanza  o un debate social que, por cierto, no existe ni para este ni para otro de los muchos problemas que agobian a la sociedad cubana. Al mismo tiempo asegura que con la revolución los negros han avanzado más que en cualquier otra época e incluso en cualquier otro lugar del hemisferio.

Desde que llegamos a este hemisferio los africanos y sus descendientes hemos sufrido todo género de injusticias y exclusiones, sin embargo lo que no parece poder discernir el Dr. Morales es que la difrerncia de la actualidad cubana con la Cuba precastrista y la vigente realidad continental radica precisamente en que los espacios cívicos y las posibilidades de asociación y expresión que constituyen los fundamentos esenciales de la evolución posible siguen siendo para nosotros una utopía aún inalcanzable.

El profesor Morales debe reconocer que los enormes retos y el largo camino a recorrer para avanzar en el delicado asunto de las relaciones interraciales en Cuba, no deben enfrentarse a partir de criterios confrontacionales, ni esquemáticos alineamientos políticos.

Solo cuando en condiciones de igualdad plena y respeto, sin ambages, a los derechos y la dignidad de todos, podremos dar el primer paso para construir la Cuba de la justicia y la integración que tanto hemos soñado.

Leonaldo Calvo Cárdenas

Historiador y politólogo

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