Nueva Trova, cuarenta años después

guitarraPoesía, espontaneidad, compromiso, desenfado y talento parecen ser unas pocas palabras que podrían definir el movimiento cultural que a finales de la década de los sesenta impactó a la efervescente y esperanzada sociedad cubana y marcó pautas trascendentes allende fronteras. En 2012 se cumplen cuarenta años de que adquirió estructuración institucional este movimiento impulsado a golpe de guitarra, sueños y utopías destinado a ocupar un lugar destacado en la muy rica historia musical cubana.

La fundación en 1972 del Movimiento de la Nueva Trova reunió en una entidad cultural autónoma ―¿o será mejor decir especifica?― a esos creadores e intérpretes que se convirtieron en la voz de los nuevos tiempos a partir de compaginar las tradiciones musicales nacionales con las propuestas más contemporáneas, rompiendo cánones estéticos muy arraigados y decididos a no hacer concesiones al facilismo comercialista.

Los jóvenes cantautores que daban la espalda a los grandes artificios de la farándula para cantar al amor, los valores humanos, los ideales políticos y las más complejas problemáticas sociales con visión crítica acompañada de profunda y novedosa lirica.

La Nueva Trova desde su nacimiento no la tuvo nada fácil, en época de extremismo y radical celo revolucionario, cuando toda actitud era sospechosa y cualquier criterio podía ser tachado de diversionismo ideológico los jóvenes juglares con su lirica poco convencional y de alto vuelo expresivo, con su imagen y actitudes desenfadadas despertaron todo género de recelos y rechazos. Los iniciadores del movimiento pagaron caro su vanguardismo y modernidad.

Aun antes de conformarse y definirse el movimiento Pablo Milanés, entonces joven cantautor y devenido con el tiempo en una de las más sólidas personalidades de la música hispana, sufrió la dura experiencia de ser recluido en los tristemente célebres campos de concentración conocidas como Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). Pocos años después Silvio Rodríguez, contestatario e inconforme en sus inicios y devenido con el tiempo en incondicional alabardero del castrismo, fue embarcado de castigo en un buque de la Flota Cubana de Pesca, de la cual solo queda el nostálgico recuerdo de sus veteranos y las canciones compuestas en aquellos meses por el entonces bardo-marinero.

Por aquellos años un comisario político devenido en dirigente cultural borró a los jóvenes trovadores del panorama televisivo nacional. Resulta lamentable que el capitán Jorge “Papito” Serguera sea más recordado y rechazado por reprimir a los muchachos de la trova que por los muchos compatriotas que como implacable fiscal envió al paredón de fusilamiento en los umbrales mismos de la revolución.

De cualquier manera el naciente movimiento musical fue rescatado de las fauces del extremismo revolucionario por otros señores feudales de la cultura castrista. Haydee Santamaría en la Casa de las Américas y Alfredo Guevara en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) les concedieron los espacios y posibilidades que permitieron el desarrollo del movimiento y sus figuras principales.

Gracias al talento innegable de varios de sus integrantes, al patrocinio y respaldo de estos mecenas revolucionarios y al vínculo establecido con grandes músicos como Leo Brower el grupo ganó solidez musical y artística, sus canciones resonaron en renombradas voces de la cancionistica nacional y la Nueva Trova se convirtió en un movimiento nacional que fue ganando prestigio e influencia internacional hasta lograr colocarse varias de sus primeras figuras ―Silvio, Pablo y posteriormente Amaury Pérez o el grupo Moncada― en la preferencia de varios públicos foráneos y en los catálogos de circuitos comerciales.

Cuando en la primera mitad de los años ochenta la entrega de sus principales representantes se convirtió en un fenómeno de masas en varios escenarios del continente el movimiento fue cooptado por el poder como un instrumento más de movilización y propaganda ideológica.

La historia de la Nueva Trova ha tenido “ovejas descarriadas” y momentos muy tristes. En 1980 los fundadores y líderes del movimiento desarrollaron un conato de cacería de brujas, no muy diferente al sufrido por ellos una década antes, contra el ídolo emergente Amaury Pérez, tragedia que causó conmoción y estremecimiento en toda una generación que ahora ve estupefacta como los protagonistas se atreven sin recato a negar los hechos.

Casi nadie sabe la razón por la cual un buen día a mediados de la década de los ochenta las principales figuras del movimiento, los hasta ese momento inseparables Silvio y Pablo rompieron sus relaciones de manera tajante. Mas o menos por esa fecha el talentoso y popular Pedro Luis Ferrer, magnifico compositor, interprete y guitarrista fue represaliado y lanzado al ostracismo por manifestar abiertamente contundentes críticas a la política cultural oficialista. Durante años él y otros como el talentoso y muy contestatario cantautor Frank Delgado han sido excluidos de los grandes medios de difusión.

El caso más resonante sin embargo es el de Pablo Milanés cuya Fundación fue liquidada en una noche a pesar de la enorme labor de promoción y desarrollo cultural que promovió y quien con sus declaraciones meridianamente críticas respecto a la realidad social y política del país se ha convertido en blanco del fuego graneado de los voceros del régimen, entre los que se incluye su antiguo compañero de trinchera Silvio Rodríguez.

El MNT como institución dejó de existir hace varios lustros, Hoy con figuras institucionalizadas en el oportunismo castrista y auténticos creadores tocando con su lirica realista, cortante y atrevida la convulsa realidad nacional, aunque lejos de los grandes medios, continúan su marcha los trovadores cubanos prestos a ser cronistas excepcionales del convulso y complejo futuro que espera a nuestra sociedad.

Cuarenta años después del surgimiento del movimiento las luces y sombras de esta historia son parte indisoluble del acervo cultural y vivencial de los que crecimos al son de esas canciones, pero nos anima la certeza de que siempre habrá manos honestas firmes y talentosas que sabrán tomar la guitarra para cantar las angustias y esperanzas de este pueblo que desde su propio nacimiento sufre, lucha y espera al ritmo de la música.

Leonardo Calvo Cárdenas

Historiador y politólogo

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