Nombres lindos para la tragedia

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Los jóvenes encarnados en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP).

La ya larga, triste y azarosa historia del régimen castrista está llena de crímenes, desmanes e inconsecuencias, sin embargo hay que reconocer a las autoridades cubanas su excepcional capacidad para crear denominaciones engañosas que esconden muy bien el verdadero carácter y esencia de duras realidades que, por lo general, revisten tristes consecuencias para la sociedad toda.

Quien oiga mencionar el nombre de las tristemente célebres Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) no podrá imaginar la dimensión real de aquel inhumano engendro que en la segunda mitad de los años sesenta sembró el pánico entre la juventud cubana y el dolor en muchas familias.

Aquellos dantescos campos de concentración de nombre amable fueron establecidos para recluir por varios años y en infrahumanas condiciones de trabajo forzado a los ciudadanos, sobre todo jóvenes, que no se adaptaran a los patrones de conducta social y política impuestos por el nuevo régimen. Muchos jóvenes sencillos y de pueblo tuvieron que sufrir la violación flagrante y permanente de todos sus derechos y dignidades.

A todo genero de maltratos y crímenes, todavía impunes, fueron sometidos las víctimas a causa de las preferencias sexuales, las creencias religiosas o supuestas actitudes antisociales. Muchos miembros de la secta cristiana Testigos de Jehová, varios sacerdotes ya ordenados, entre ellos el hoy Cardenal Jaime Ortega, quien parece haber olvidado tanto dolor a la hora de actuar como un servil empleado de sus otrora victimarios. Cuentan los que saben que el mismísimo cantautor Pablo Milanés pasó por ese tropical círculo del infierno, aunque él como tantas otras victimas haya preferido olvidarlo.

El gobierno cubano, siempre tan ocupado en hacer las meticulosas relatorías de cuanta crisis aparece por cualquier rincón del planeta, a la hora de enfrentar la profunda recesión que en los años noventa destrozo estructuras, planes y esperanzas decidió llamar al desastre “Periodo especial en tiempos de paz”. Acaso las generaciones futuras cuando lean o escuchen tal eufemismo podrán imaginar a los cirujanos pedaleando bicicletas chinas, a los niños comiendo picadillo de cascaras de plátano o a los campesinos intentando bañarse con alguna mata silvestre.

En el momento en que la inviabilidad del antinatural sistema derrumba el falso espejismo del pleno empleo e impone la necesidad de expulsar a la calle a cientos de miles de trabajadores, los obreros, empleados y profesionales expuestos sin protección a los rigores del momento son calificados como “disponibles”. Acaso puede el gobierno cubano explicar para que están disponibles los que han sido abandonados a su suerte por quien durante décadas se impuso la responsabilidad de garantizar a todos el empleo.

La crisis generalizada que las autoridades se niegan a reconocer genera traumáticas consecuencias. Los muchos indigentes y menesterosos que hoy desandan las calles de nuestras ciudades son calificados por las autoridades como “diambulantes” o personas sin amparo filial. Los muchos cubanos que a la luz pública registran los contenedores de basura con la ilusión de encontrar algo con que paliar sus penurias ha sido “bautizados” como “recolectores de desechos sólidos”.

Por otra parte los muchos barrios marginales e insalubres que proliferan alrededor de pueblos y ciudades para mal cobijar a las miles de familias desamparadas por el monopolio estatal del negocio inmobiliario son denominados como “Asentamientos”.

En caprichoso enroque nominal las autoridades cubanas denominan “becados” a los estudiantes internados por la fuerza del monopolio y el chantaje e “internos” a los prisioneros que sufren en las muy pobladas cárceles del Gulag caribeño.

Ante la irresponsabilidad indolente de quienes no tienen el valor de admitir como su desaparición de la vida nacional puede ser el mejor beneficio que brinden al presente y futuro de la nación, resulta previsible la aparición de nuevos calificativos amables para los traumas que de seguro nos quedan por sufrir.

Leonardo Calvo Cárdenas

Historiador y politólogo

contacto: elical2004@yahoo.es

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