Legados de desconfianza

lazoCuba y Estados Unidos son un lazo de singular intimidad en nuestra nomenclatura genética. Las relaciones entre ambos países data del siglo XIX, desde el desarrollo de las treces colonias cubanos y norteamericanos comenzaron a conocerse mutuamente. De forma bilateral ambas culturas fueron interactuando, conociéndose unas a otras, fundiéndose en una adaptación emprendedora.

Como primera jornada de la Feria Internacional del Libro de la Habana dedicada a la Federación Rusa, se desarrollo en la Sala Nicolás Guillen un encuentro interactivo entre Académicos cubanos y norteamericanos.

La influencia norteamericana en la sociedad cubana nunca fue una imposición lineal o unilateral, es  un complejo proceso de negociación, en la cual muchas de sus proposiciones fueron abrazadas por los cubanos como afirmaciones de progreso. Los cambios en Cuba siempre involucraron a los Estados Unidos, los norteamericanos, apropiaron y adaptaron elementos cubanos, a sus transacciones  culturales. Estas  aduanas de intercambios se materializaron, mediante la industria del turismo, la cultura popular, fundamentalmente la música y la danza, también el comercio jugo su propio protagonismo.

Cuba  penetró en la imaginación del vecino del norte. La presencia cultural norteamericana surgió como una verdadera fuerza de cambios. El encuentro físico entre dos comunidades vecinas brindó la oportunidad a ambos de  interpretar sus propias tradiciones y la promoción de una nueva conciencia de las realidades sociales.

Este encuentro físico permitió a los cubanos experimentar patrones de  modernidad, recibir la ilustración acerca del género y la civilización, un marco alternativo para imaginar el desmantelamiento de los residuos coloniales.

No podemos mirar nuestra historia, ni a nosotros mismos en el presente, y sobre todo en el futuro, sin tener en cuenta la sólida  y antigua relación entre ambos países.

La experiencia de las islas portátiles y ultramarinas habitadas por cubanos en el Norte, influyeron decisivamente en como imaginábamos nuestra nación. Este encuentro moldeo la forma del discurso de nación. La huella de nuestra cultura ha quedado profundamente firme en el barrio ultramarino de la Florida. Muchos cubanos han marchado al interior de la Republica del Norte, atrapados como las  luciérnagas por la luz.

50 años después de interrumpido los vínculos bilaterales oficiales, tras la llegada de un evento extremo como la revolución cubana, se comienzan a disipar algunas nubes para la continuidad de los intercambios académicos, culturales y científicos. Pero mientras esto es todo un anhelo ciudadano en ambas direcciones, La Habana continua atrincherada en una agenda de hierro. El entorno político más conservador continúa alimentando barreras de desconfianza. A pesar del diferendo histórico algunas instituciones académicas norteamericanas como American University, Harvard University, la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA)  y  Dialogo Interamericano han ido ampliando los intercambios. Los trabajos de campos desarrollados por ilustres académicos como Rebeca Scott, Ada Ferrer, Lorena Barberías, Lisandro Pérez, Gustavo Pérez Firmat, Sydney Mintz nos han permitido descubrir y amar aun mas Cuba.

En un futuro inmediato los encuentros bilaterales Cuba – Estados Unidos deben estar presididos por las energías de amistad que hubo entre Chano Pozo y Dizzy Gillespie, Nicolás Guillen y Langston Hughes, el amor de Hemingway a ambas naciones y todas las identidades culturales que hunden sus raíces en el tiempo y trascienden las confrontaciones y desencuentros políticos.

A pesar de esas confrontaciones y desencuentros el gobierno cubano ha rediseñado una intensa y desproporcionada relación comercial con los Estados Unidos, aun en detrimento de las potencialidades económicas nacionales, pero mantiene su reticencia a abrir los canales de comunicación e intercambio sin tutelaje que son necesarios y posibles, actitud en la cual, para colmo de males, coincide con su más enconado rival, el exilio histórico y radical.

El hecho de que las administraciones norteamericanas logren pasar por encima del explicable y natural recelo que generan los mecanismos estructurales de control y manipulación que cuartan la independencia de los artistas e intelectuales residentes en la Isla para abrir puentes de comunicación e intercambio destinados a normalizar los vínculos culturales, puede contribuir a colocar las relaciones entre los dos pueblos y naciones en una nueva dimensión.

Lograr identificar, desde los principales enclaves culturales y académicos norteamericanos, el talento, la creatividad y las potencialidades culturales que de manera independiente, y muchas veces oculta, bulle en la sociedad cubana, para estructurar sólidos canales de diplomacia cultural ciudadana entre las dos naciones, puede constituir un desafió trascendental para los todavía poderosos intereses que desde las dos orillas continúan apostando por la confrontación.

Los impactos y alcances de esa diplomacia cultural ciudadana, mas allá de las alineaciones y coyunturas políticas debe contribuir al reconocimiento mutuo de las riquezas culturales de ambos pueblos y constituirse en la cimiente ideal de la relación armónica y respetuosa que debe marcar el futuro de las dos naciones.

Cubainterracial.gl@gmail.com

Juan Antonio Madrazo Luna
Coordinador Nacional del CIR

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