¿A quién acusas colega?

645238535_89a3210fa11En un artículo publicado bajo el titulo “¿Se discrimina a los blancos en Cuba? en la página digital Cubanet.org, el master y periodista independiente Julio Aleaga Pesant expone su preocupación por la poca presencia de cubanos de la raza blanca en los niveles de alto rendimiento del deporte cubano.

El profesor Aleaga Pesant asegura que los destacados atletas de la década de los 70 Douglas Rodríguez, campeón mundial de boxeo La Habana 1974 en la división de 51 Kg., el voleibolista Jorge Pérez Vento y el basketbolista Juan Domecq son recordados por su condición de blancos. A la vez se pregunta si el hecho de que una considerable mayoría de los deportistas de primera línea en Cuba sean negros no es constitutivo de racismo hacia los blancos.

El analista se pregunta en su artículo si la poca presencia de alumnos blancos en las escuelas donde se preparan los atletas de alto rendimiento se debe a que lo que él llama “Scouts revolucionarios” excluyen a posibles aspirantes blancos con la justificación del biotipo, para seleccionar niños negros.

Aleaga Pesant se atreve a afirmar, espero que contando con pruebas documentadas, que en “las escuelas de iniciación deportiva se prioriza la entrada de niños negros en detrimento de los blancos”. También afirma que los niños blancos son relegados a lo que llama deportes intelectuales como el ajedrez o el tenis de mesa, y que la masividad del béisbol impide que la exclusión que denuncia se manifieste en el deporte nacional.

Por último, se pregunta por qué en el renombrado equipo de voleibol femenino cubano no ha participado una cubana blanca por más de cuarenta años.

Como amante y seguidor de los deportes, y como persona preocupada y, sobre todo, ocupada en las complejidades y trascendencias de las relaciones interraciales en Cuba debo decir en primer lugar y en honor a la verdad que al menos los aficionados cubanos recordamos a Douglas Rodríguez, conocido en su época de esplendor atlético como el Acorazado de Bolsillo, por su calidad boxística y sobre todo por las demostraciones de coraje y vergüenza deportiva que lo llevaron a ganar su medalla de oro mundial con las dos manos fracturadas.

Más o menos lo mismo sucede con Pérez Vento y Domecq quienes ganaron notoriedad por sus aportes a los logros de sus respectivos deportes hace ya más de treinta años.

Por otra parte es posible que, como tanto se ha dicho, los huesos de los negros pesen más que los de los blancos y eso limite el desenvolvimiento de los primeros en un deporte como la natación, pero lo cierto es que esas disciplinas son extremadamente técnicas y la disponibilidad de condiciones y e infraestructura marca la diferencia.

Es posible que como ha demostrado la historia, desde que el gran Jessie Owens revolvió la bilis del mismísimo Adolf Hitler aquella tarde berlinesa de 1936, los blancos carezcan de la explosividad necesaria para reinar en las pruebas atléticas de velocidad.

Sin embargo más allá de eso la tesis del somatotipo es descartable, en tanto en naciones como Estados Unidos o Brasil de una diversidad racial muy parecida a la nuestra existe plena convivencia interracial en los deportes donde Cuba exhibe una polarización racial llamativa y preocupante. Además de esto en naciones europeas y asiáticas en las cuales no hay negros donde escoger los deportes que menciona Aleaga ─voleibol, baloncesto, disciplinas de combate, gimnasia artística y atletismo─ son estelarizados por atletas blancos.

Es cierto que Cuba tiene la particularidad de contar con deportes casi de negros nada más (atletismo, deportes de combate, deportes colectivos con pelota, excepto el football y el béisbol convertidos en las últimas décadas en deportes mestizos) y deportes casi de blancos nada más (velocidad con motor, tiro con arco, ciclismo, ajedrez).

Yo también me he preguntado durante años: ¿No hay un blanco cubano con capacidad y condiciones para jugar baloncesto o voleibol al máximo nivel? Tal vez los complejos patrones culturales y referenciales que arrastramos polaricen y reacomoden las afinidades, los rechazos y las auto limitaciones al escoger que deporte practicar.

Si de algo estoy totalmente seguro es que Aleaga Pesant y este redactor estamos plenamente de acuerdo en que como en todos los demás rincones del planeta, en Cuba tiene que haber personas blancas capaces de boxear y encestar canastas y sobre todo en que no hay nada natural que limite a los negros para llegar a ser excelentes corredores de autos y ajedrecistas.

Para sostener la tesis de la discriminación institucionalizada que expone Aleaga  habría que demostrar que a las pruebas de aceptación para los deportes mencionados  acude un número considerable de aspirantes blancos que son rechazados, a pesar de demostrar condiciones y potencialidades, ante lo cual tendríamos que preguntarnos como tantos padres admiten en silencio tal desvarío.

La tesis tiene además otra complicación y es que, de ser cierta, implicaría que tendríamos el caso de blancos discriminando a blancos, puesto que desde aquel aciago enero en que los hermanos Castro depositaron sus huesos en La Habana el deporte cubano ha sido dirigido por funcionarios de piel blanca (Guerra Matos, Llanusa, García Bango, Galván Vila, Reinaldo González, Conrado Martínez, Gallego Fernández etc.) y varios de los directores técnicos de las disciplinas mencionadas por Aleaga han sido históricamente blancos.

Para más señas, el cuerpo de dirección de la principal escuela de iniciación deportiva del país, la EIDE Mártires de Barbados, esta compuesto hace ya varios años por personas de piel blanca.

El profesor Aleaga tal vez ignore la real posibilidad de que en los próximos años el pasatiempos nacional se convierta en uno de esos deportes de blancos, puesto que a estas alturas habilitar a un pelotero escolar viene  a ser casi tan costoso como vestir a un esgrimista para discutir un cetro olímpico, y como es de imaginar, habida cuenta de las carencias de siempre, esa tarea corresponde a los padres de los bisoños peloteritos, quienes además deben costear el transporte y hasta comprar las pelotas. Como es de imaginar este es un reto inalcanzable para las familias más humildes o lo que es lo mismo decir, las familias negras.

Los que sí no creo sean sospechosos de excluir a los blancos son los atletas que ni siquiera deciden su propio destino, y para aparecer políticamente correctos deben dedicar sus triunfos al máximo líder, aun antes de mencionar a sus familiares y maestros.

Es posible que el colega Aleaga nos llame la atención sobre el hecho de que la elite gobernante ya cansada de discriminar a los negros por el color de su piel, decida hacer lo mismo hasta con los blancos. De cualquier manera los tan socorridos criterios que refiere Aleaga sobre los “deportes intelectuales” o que los negros sólo sirven para el deporte y la música son claramente racistas…y no precisamente contra los blancos.

elical2004@yahoo.es

Leonardo Calvo Cárdenas
Vicecoordinador Nacional del CIR

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